Alcaraz doblega a Tiafoe y va a por todo: primer ‘grande’ y número uno

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Carlos Alcaraz irrumpió hace un año como la sensación del tenis mundial en este escenario, en Arthur Ashe, la pista central del US Open. Tumbó en un partido inolvidable a Stefanos Tsitsipas, tercer favorito del torneo, y se colocó en boca de todos: ¿Es este el futuro del tenis?

El murciano ha respondido: no soy una estrella fugaz. Este viernes, en esa misma pista azul neoyorquina donde chirrían con violencia sus suelas, en su primera aparición en una semifinal de un grande, consiguió un billete sin escalas hacia la cima del tenis mundial. Doblegó con mucho esfuerzo a Frances Tiafoe (6-7, 6-3, 6-1, 6-7, 6-3) y este domingo optará a su primer ‘grande’ y al número uno del mundo.

Para conseguirlo, tendrá que imponerse a Casper Ruud, otro tenista que ha despuntado esta temporada. El noruego ganó su semifinal contra el ruso Karen Kachanov y y está en la misma situación que Alcaraz: opta a ganar su primer ‘grande’ (llegó a la final de Roland Garros) y, si lo consigue, se llevará también el premio del número uno.

El de Tiafoe fue duelo emocionante y largo, algo con lo que Alcaraz está malacostumbrando al público neoyorquino. No es que las entradas sean baratas, pero los neoyorquinos deberían pagar un poco más por ver al murciano, con el que sobra espectáculo en cada aparición. O quizá pedir un descuento para el cardiólogo.

En el caso del partido con Tiafoe, la épica tuvo peor sabor. Porque Alcaraz se vio con el partido cuesta abajo, cómodo, con abundantes puntos de ‘break’ y con una bola de partido que hubiera ahorrado mucho sufrimiento. Pero se le enturbió hasta hacer peligrar la final.

Oportunidades perdidas

Tiafoe llegaba embalado a la semifinal. Solo había perdido un set en el torneo, el único que le consiguió ganar Rafael Nadal en el partido anterior, el de octavos. Pero enfrente tenía a un tenista con el empuje mental de haber superado las dos últimas rondas con partidos maratonianos de cinco sets, hasta entrada la madrugada. En el de cuartos de final, ante el italiano Jannik Sinner, remontando un punto de partido.

«¡Estoy hecho un toro!», gritó Carlos Alcaraz la otra noche a su palco, en octavos, en el clímax de su partido de cinco horas y cuarto Sinner. Pero este viernes, fue él, y no Tiafoe quien se llevó primero una voltereta. Perdió el primer set por detalles y se complicó el partido.

El estadounidense compareció con la misma energía que ha desplegado en todo el torneo. En el US Open de la retirada de Serena Williams, Tiafoe se confirmó como la cara del tenis en la comunidad negra de EE.UU., donde tiene una representación muy minoritaria.

Era el primer estadounidense de raza negra en semifinales de Nueva York desde 1972, con Arthur Ashe, el pionero que da nombre a la central. Y dentro de un panorama estadounidense desolador en los cuadros masculinos desde hace décadas, sin figuras como Andy Roddick o, mucho menos, Pete Sampras.

«¡Vamos Tiafoe!», se vio gritar a Michelle Obama en cuanto le apuntó la cámara, y se llevó una ovación sonora del respetable. La que fuera primera dama de EE.UU. estaba en un fondo, en segunda fila, y dejó claro con quién iba. Solo aplaudía los puntos del estadounidense.

Y eso que Alcaraz le dio motivos sobrados. La primera manga no tuvo un tenis sobresaliente, pero sí intercambios de esos con los que se llenan telediarios. Uno fue tan espectacular que Tiafoe saltó la red y le hizo un gesto con la mano de ‘¡vete por ahí!’, con la sonrisa en la boca, también en la de Alcaraz y en la de las casi 24.000 personas que llenaban el estadio.

Le costó a Alcaraz encontrar el ritmo en ese primer set. Trataba de ser agresivo al resto, pero no conseguía abrir agujeros. Falló oportunidades de ‘break’, que acabó pagando.

Eso llevó el set al ‘tie break’, un territorio en el que Tiafoe ha sobresalido este año en Nueva York. De las seis muertes súbitas que había disputado hasta el viernes, no había dejado escapar ninguna. Esta no fue una excepción, y se la llevó por detalles, como un saque directo descomunal del estadounidense y una doble falta definitiva del español.

Un set en contra para Alcaraz. Tocaba remar, como en los partidos eternos contra Marin Cilic (octavos) y Sinner. Alcaraz cumplió. Soltó la derecha y a Tiafoe le empezó a costar aguantar los peloteos. «Al segundo saque, cuando no lo veas claro, hostia fuerte y por el centro», le decía su entrenador, Juan Carlos Ferrero, desde la esquina. Y el español lo vio claro, más allá del resto: ya no le costó aprovechar sus bolas de ‘break’ y se impuso con comodidad.

Con el partido empatado a dos sets, Alcaraz no remó. Puso el motor fueraborda. Vapueleó a Tiafoe, desarbolado por la intensidad del peloteo y la falta de errores del murciano. El ímpetu se alargó hasta el 2-0 a favor del español en el cuarto set, parecía que el duelo moriría a su favor.

Fortaleza mental

El partido, sin embargo, se le enredó. Alcaraz y Tiafoe encadenaron cuatro rupturas de saque. El estadounidense sobrevivió en la confusión. El murciano dominaba los juegos y achuchaba su saque, pero sin coger distancia. «¡Valiente, valiente!», le decían desde la esquina, y quizá pecó de serlo. Cuando por fin tuvo un punto de partido, en un peloteo mandón, tiró una dejada. Tiafoe, tan rápido como Alcaraz, llegó y le devolvió otra, todavía más ajustada, y letal. A volver a remar.

Quizá Alcaraz agradezca a la larga lo que ocurrió después: acabó por perder el set en un nuevo ‘tie break’, finalizado con dos derechazos fuera. Un partido cómodo se convirtió en una pesadilla mental: tenía que volver a ganar lo que ya había ganado, con casi catorce horas de tenis en las piernas en solo cinco días, con 19 años, en su primera aparición en semifinales.

Superó el reto, ganó el quinto set y su tenis tiene una muesca más, Le vendrá muy bien para la final ante Ruud, con más experiencia en ‘grandes’ que él y que mide muy bien sus nervios.

«Esto duele de verdad», dijo Tiafoe en la pista al acabar el partido, emocionado después de un partido en el que se entregó a fondo. «Voy a volver y voy a ganar esto algún día, lo siento», lamentó ante el público.

«En las semifinales hay que darlo todo, pelear hasta la última bola, da igual si llevas peleando cinco horas o seis», aseguró el murciano, con la sonrisa estampada en la cara. «Tendré que controlar los nervios en mi primera final de Grand Slam, pero por supuesto estoy muy contento y voy a disfrutar cada momento. Veremos qué pasa».

«Lo vivido hoy es increíble», dijo después en español, tras cuatro horas y veinte minutos de batalla. «Tres partidos a cinco sets, muy largos, muy exigentes», añadió sobre sus enfrentamientos de octavos, cuartos y semifinal. «La verdad es que tengo fuerzas gracias a vosotros, me animáis en cada punto, cada bola», dedicó al público. Ya le están esperando para la gran final de este domingo. También los cardiólogos.

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