Jesús Peña: «El libro de Teatro Corsario aún tiene muchas páginas que escribir»

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Es uno de los históricos de Teatro Corsiario. Se incorporó en 1985 para hacer una sustitución en ‘Comedias rápidas’ y desde entonces permanece en una compañía que ha visto crecer tanto desde el escenario como desde la dirección de espectáculos, en la que creó la línea de títeres. «De Jesús Peña se dice, por ejemplo, que si un compañero pierde el texto es capaz de improvisar una morcilla medida y rimada que arregla el desaguisado y te deja el toro en suerte». escribió Víctor M. Díez en el libro editado en 2007 por el vigesimoquinto cumpleaños del grupo.

-En ‘Corsarios. 25 años de Teatro’ decís que lo realmente difícil no fue cumplir ese cuarto de siglo, sino el primer lustro. ¿Tan complicados fueron aquellos pasos iniciales?

-Por supuesto. Cuando Teatro Corsario empieza a funcionar como tal, había fundamentalmente mucha ilusión, muchas ganas de comerse el mundo e incluso el convencimiento de que nada se pondría por delante. Pero lo que el choque con la realidad puso sobre la mesa es que podíamos sucumbir, incluso a causa del hambre, antes de conocer el éxito. Y, a pesar de eso, seguimos adelante. Al fin y al cabo, Fernando Urdiales, el director que, como otros tantos, había participado en las ambiciosas iniciativas de teatro universitario de Juan Antonio Quintana, dejó su trabajo como psiquiatra para dedicarse en cuerpo y alma al recién constituido grupo. En los primeros tiempos, Teatro Corsario abordó textos de autores tan diversos que, aceptando que había talento, se podría pensar que nos atrevíamos con todo.

-Luis Miguel García comentaba en ese libro conmemorativo que la compañía estable y con un número considerable de miembros era una rareza hace 15 años, ¿ahora es una especie prácticamente extinguida?

-No existe rentabilidad alguna en producir espectáculos donde hay que contratar, por ejemplo, a los actores que se necesitan para interpretar a cada uno de los personajes de cualquier obra de teatro clásico, salvo que se cuente con sustanciosas ayudas o con actores que salgan mucho en televisión y animen al programador de teatro a pagar el caché. De modo que hemos tenido que reducir todo, empezando por el número de actores y continuando con las escenografías, que ya no llevamos en un camión grande sino en un furgón. En cualquier caso, con mucho menos aparato escénico, seguimos ofreciendo espectáculos muy visuales.

-¿Cómo recordáis aquellos primeros tropiezos con el verso?

-Tropezamos con el verso, en efecto, pero en vez de caer y rompernos la crisma, nos elevó. Antes, habíamos realizado un montaje con los pasos de Lope de Rueda, escritos en prosa, pero fue en 1988 con ‘Pasión’, nuestro espectáculo a partir de las esculturas de las procesiones de Valladolid, donde empezamos a hablar en verso para pasar luego a codearnos con Calderón y con Lope. Ahora mismo seguimos hablando en verso como si tal cosa.

-En una compañía que comenzó con textos contemporáneos y rompedores, ¿en qué momento empezasteis a sospechar que seríais conocidos sobre todo por el teatro clásico?

-No cabe duda de que, en aquellos tiempos, nuestros espectáculos de teatro clásico congregaban a mucho más público y eran más del agrado de quienes nos contrataban. Pero también es cierto que nos encantaba trabajar en ellos, vestirnos con esos maravillosos ropajes y, por supuesto, esa cosa tan complicada, y al mismo tiempo tan divertida, que es estudiar la forma correcta de decir el verso sin sacrificar la naturalidad. Por lo visto, al público le pasaba lo mismo que a nosotros y cuando, tras ‘Pasión, montamos ‘El gran Teatro del Mundo’ y comenzamos a ir a importantes festivales, supimos que el público nos pedía clásicos y nosotros estábamos encantados de dárselos.

Tuvimos un enorme éxito con nuestro primer espectáculo de títeres, empezamos a tener recorrido internacional»

Jesús Peña

Director de la compañía

-¿Los clásicos también son rompedores hoy en día?

-La cuestión no es si un espectáculo es rompedor. Ahora mismo hay espectáculos que se anuncian como rompedores y no son más que la repetición de fórmulas que fueron rompedoras hace muchos años y se siguen empleando como si aún lo fueran. Es importante interesar, provocar y, si es posible, sorprender. Y, afortunadamente, las obras que han adquirido la categoría de clásicas tienen esa capacidad. Nos hablan del pasado empleando un lenguaje y unas formas del pasado, de manera que viajamos en el tiempo y, si conseguimos desentrañar correctamente las claves (o sea, si la dramaturgia y la puesta en escena son las correctas), pueden desvelarnos grandes secretos.

-Una de las osadías de la trayectoria de Corsario fue abrir una línea de trabajos de títeres para adultos, impulsada por usted. ¿En su momento parecía una contradicción en sí misma ese tipo de espectáculos para ese público?

-Cuando surgió esa iniciativa pudo ocurrir que no acabase de funcionar y se extinguiera como una ocurrencia desafortunada. Pero ocurrió lo contrario. Tuvimos un enorme éxito con nuestro primer espectáculo de títeres a mediados de los noventa y empezamos a tener un recorrido internacional que no alcanzábamos con los clásicos. También fue la primera vez que alguien que no era Fernando Urdiales se hacía cargo de un proyecto dentro de Teatro Corsario; de manera que las dos líneas de trabajo se fueron desarrollando paralelamente sin demasiada fricción. Yo seguía trabajando como actor en las obras que dirigía Fernando y, cuando era posible, me ponía al frente del equipo de títeres, participando también en la construcción y en la manipulación. Nuestro último espectáculo se basa en ‘La Celestina’ y, como viene siendo habitual, está realizado con títeres muy realistas, de gran tamaño y casi sin palabras; los manipuladores son invisibles, es solo para adultos y lleva por título ‘Celestina infernal’. Además de excelentes críticas, tiene la ‘R’ de Recomendado por la Red Española de Teatros. Como puede deducirse, las historias del pasado dan mucho juego.

-Ahora mismo tienen doce trabajos en repertorio (incluidos recitales). ¿Es otra osadía de Corsario o simplemente hay que diversificar en los tiempos que corren?

-No se trata tanto de diversificar como de tratar de que nuestras obras puedan seguir representándose, aunque se hayan estrenado hace años; pero eso solo es posible cuando nos proponen un número de funciones suficiente para ponerlas de nuevo en pie. En cuanto a los recitales, es un tipo de espectáculo donde se reducen considerablemente los gastos y que gusta, entre otras cosas, por su carácter pedagógico. El último que hemos realizado se llama ‘Mujeres del Siglo de Oro’.

-¿Tienen la impresión de que la compañía hubiera volado más alto si se hubiese establecido en Madrid?

-Por lo general, todo lo que se hace fuera de la capital tiene muchas más dificultades para salir adelante, incluso por el mero hecho de no estar cerca de los que toman las decisiones importantes. O sea, que seguramente sí, pero no todos nos sentimos cómodos en esa selva.

-¿Alguna vez habéis intentado hacer un cálculo, aunque solo sea aproximado, de los kilómetros recorridos por la compañía?

-Es mejor no pensarlo, pero en esta profesión es bueno cogerle gusto al viaje con todo lo que supone, porque si no vas a sufrir.

-¿Y de la gente que ha pasado por Corsario?

-Un día nos pondremos con el cálculo. Entre las muchas personas que colaboraron, están los que trabajaron en unos pocos espectáculos, los que han estado muchos años en la compañía y ya no están, y también los que permanecemos.

-¿La impronta de Fernando Urdiales continúa en Corsario doce años después de su muerte?

-Teatro Corsario es una idea de Fernando Urdiales que, debido en gran medida a su forma de ser y trabajar, nos ha marcado a todos. Ahora bien, lo que somos es también el resultado de todos los que participaron y participan en la compañía, de lo que ellos sembraron y, como no puede ser de otro modo, de la experiencia compartida con todos.

-El idilio con Calderón continúa, ¿cómo se afronta desde Corsario un texto como ‘El alcalde de Zalamea’ que tienen en mente? ¿Influye de alguna manera que esa obra es quizá más conocida por el público y más representada que otras del autor a la hora de llevarla a escena?

-Hemos hecho tantas obras de Calderón que podría enojarse si no hacemos su ‘alcalde’. Pero es que también es importante apostar por títulos importantes cuando la competencia es brutal. Y nosotros estamos entre los valientes que se atreven con este tipo de proyectos.

-‘Traidor’ ha sido elegido por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo dentro de su catálogo cultural para el exterior de cara a la temporada 2023-2024. ¿Han recibido algún otro regalo especial por este cuarenta cumpleaños?

-Quiero pensar que todo lo bueno que obtenemos no nos lo regala nadie, sino que es la consecuencia del trabajo bien hecho a lo largo de los años. Pero, en tiempos tan duros como los que vivimos, cada muestra de afecto nos colma de alegría y nos hace pensar que el libro de Teatro Corsario aún tiene muchas páginas en blanco que hay que escribir. Esto de los cuarenta años de trayectoria merecerá más celebraciones y ya veremos cómo se materializan. Por ahora, vamos a agradecer que nuestros espectáculos están seleccionados en importantes catálogos y reconocidos unánimemente por la crítica; pero, sobre todo, vamos a dejarnos mecer por los aplausos de un público que nos sigue queriendo, confiando en que esos aplausos no dejen de sonar.

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