Los talibanes silencian a tiros la demanda de justicia de las mujeres afganas

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Las activistas de Afganistán cumplieron su palabra y se echaron a las calles de Kabul en la que bautizaron como marcha del ‘Día Negro’. Vestidas de luto, porque consideran esta fecha el día más negro de la historia moderna del país, se juntaron a las puertas del ministerio de Cultura a las diez de la mañana. Pocos minutos después comenzaron a marchar tras una pancarta que rezaba en inglés: «15 de Agosto, Día Negro». Adelantaron dos días la movilización porque saben que en la fecha exacta del aniversario los talibanes elevarán al máximo las medidas de seguridad y convocaron a la prensa internacional a través de las redes. Tenían la esperanza de que la presencia de reporteros internacionales- hay unos 300 medios acreditados para el aniversario del ’emirato’, según el ministerio de Exteriores- suavizaría la respuesta de unos talibanes ansiosos por lograr el reconocimiento internacional. Se equivocaban.

La manifestación la componían unas cuarenta mujeres de diversas edades cuyos gritos silenciaron el caótico tráfico del centro de la capital. Nada más salir del ministerio de Educación comenzaron a repetir como un mantra el eslogan para este día: «¡Justicia, justicia, estamos hartas de vivir encerradas!» Caminaban a paso rápido, rodeadas de talibanes. Cuarenta valientes conscientes del peligro que corrían y con el objetivo de avanzar todo lo posible porque sabían cómo iba a terminar la movilización. Fue breve, apenas cinco minutos, pero intensos, cargados de la energía de unas mujeres que llevan un año sufriendo las restricciones del Emirato y que cargaban en sus espaldas la responsabilidad de representar a millones de mujeres de Afganistán. Querían enviar su mensaje al mundo, querían que la comunidad internacional no se olvide ellas, querían avanzar y avanzar por las calles de Kabul, pero los islamistas no tardaron en devolverles a la cruda realidad del ’emirato’.

Los disparos al aire eclipsaron en un instante las peticiones de justicia por parte de las manifestantes. Tiros y más tiros. Algunos talibanes veteranos vigilaban de cerca a los jóvenes y les obligaban a levantar las armas para disparar lo más alto posible. No tiraban a matar, tiraban a aterrorizar y dispersar a unas mujeres que no han bajado los brazos desde el día que los islamistas recuperaron el poder de Kabul. Esta era la primera manifestación desde mayo y terminó de la misma forma, a tiros e insultos. No hubo detenciones, pero sí algunos golpes con las culatas de los AK47.

Disparos al suelo

Laila Basim no puede dejar de pensar en lo vivido. Su teléfono suena y suena, pero no quiere responder hasta llegar a su casa y cerrar la puerta. Entonces se abraza a su madre y su hermana y suspira desde lo más profundo del alma. «Han disparado al aire, pero por primera vez también al suelo. Había agentes de inteligencia con pistolas por todos lados, se acercaban y disparaban al suelo para asustarnos. Cada vez tiran más cerca», comenta mientras repasa una y otra vez los dos vídeos que ha grabado con su teléfono y ha compartido a través de las redes sociales.

Esta estudiante de Económicas de 25 años lidera el grupo de activistas ‘Spontaneous Movement of Protesting Women in Afghanistan’. De momento son cien compañeras y trabajan en la sombra en la organización de movilizaciones, confección de carteles y difusión a través de redes de todo el material «para que el mundo no se olvide de nosotras», afirma.

Un poco más tranquila y tras responder a tres llamadas, explica que «los talibanes son tan extremistas como siempre, no han cambiado. A nosotras nos insultan, nos llaman prostitutas y nos acusan de ser esclavas al servicio de Estados Unidos, de tener una agenda oculta para implantar aquí una democracia para derribar al Emirato… estas palabras las repiten en cada una de las protestas». Esta joven activista ha cambiado en cuatro ocasiones de casa en el último año por motivos de seguridad, pero no piensa abandonar la lucha por sus derechos y cuenta con el apoyo de toda la familia.

Laila Basim Mikel Ayestaran

«No podemos echar por la borda los avances en materia de género logrados en las últimas dos décadas y debemos luchar por recuperarlos. En estos doce meses los talibanes nos han eliminado de la escena, de las calles y los trabajos, el acoso sexual no para de crecer y la emigración sube, toda aquella mujer que puede se va», lamenta Laila, que ha recuperado el aliento y la energía y no tarda en recibir una llamada que le convoca a una reunión para hacer un balance de lo sucedido en la manifestación.

Está agradecida al seguimiento de la prensa internacional, a la repercusión de sus demandas en las redes. Para los medios locales es mucho más complicado y un tercio de los medios que existían hasta la llegada del ’emirato’ han cerrado, como refleja la última estadística publicada por Reporteros Sin Fronteras (RSF). Todo es más complicado para los afganos y por eso las activistas se han jugado la vida una vez más para mostrar al mundo que este aniversario talibán lo viven como un ‘Día Negro’.

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