¿Qué es la Orden de Malta?

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El Papa Francisco ha culminado este sábado la reforma la Orden de Malta, con la aprobación de la nueva Constitución que regirá a partir de ahora su funcionamiento. A través de un decreto, el Papa ha intervenido la institución milenaria y ha cesado a todos sus altos cargos para hacer frente a las irregularidades y los problemas que la institución arrastra desde hace años. Asimismo ha convocado para enero del 2023 un nuevo Capítulo General Extraordinario del que saldrá elegida una nueva cúpula con las nuevas reglas.

¿Cuál es su origen?

La Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta, conocida como actualmente Orden de Malta (SMOM), es una orden religiosa católica fundada en Jerusalén en el siglo XI por comerciantes amalfitanos. Su nacimiento se enmarca en la época de las Cruzadas y en los intentos de los cristianos por mantener el control y la custodia de los Santo Lugares.

Aunque su fin inicial fue el asistencial, a través de una actividad hospitalaria hacia los peregrinos, también desarrolló acciones militares contra los ejércitos musulmanes, inicialmente árabes que buscaban el control de Jerusalén, y posteriormente turcos, en las diversas disputas históricas en el Mediterráneo.

Dueños de la isla de Malta

De su primera sede en Jerusalén, la orden pasó a instalarse en el castillo del Crac de los Caballeros en la actual Siria. Tras la pérdida de los Santos Lugares en manos de Saladino, pasó a San Juan de Acre. La expulsión de los cristianos de Tierra Santa les llevó hasta Chipre. En 1310 pasarían a Rodas hasta 1522, cuando Solimán el Magnífico logró capturar la isla tras seis meses de asedio. Ocho años después, Carlos I de España, —de acuerdo con el Papa— cedió a la orden las islas de Malta, Gozo y Comino, así como la plaza de Trípoli. Su objetivo era que actuaran como ejército de contención en el Mediterráneo ante la avanzada otomana.

Su presencia en la isla de la que toma su nombre perduraría hasta 1798, cuando Napoleón Bonaparte, en su campaña hacia Egipto, tomó el territorio y expulsó a la orden. La dominación francesa apenas duraría dos años. En 1800 los ingleses conquistaron el archipiélago, y, aunque reconocieron los derechos de la orden sobre la isla, nunca permitirían que volvieran a controlarla de forma efectiva.

Tras vagar por diversas poblaciones italianas, y estar al borde la desaparición, la Orden se estableció en Roma en 1834. Con la independencia de Malta, la Orden acabaría renunciando a sus derechos sobre la isla, pero seguiría manteniendo el estatus de estado soberano extraterritorial.

Estado soberano

Así, la Orden de Malta tiene estatus de estado sin fronteras territoriales. Tiene su sede central, el Palacio magistral, en el centro de Roma, en el número 68 de la Via dei Condotti y delegaciones en los 112 estados con los que mantiene relaciones bilaterales. Su sedes oficiales gozan del derecho de extraterritorialidad.

En el ámbito político internacional, la Orden de Malta se define como «neutral, imparcial y apolítica», lo que le permite actuar como mediadora cuando un estado requiere su intervención para resolver una disputa. Su principal actividad diplomática está vinculada a su acción humanitaria. Es miembro observador en las Naciones Unidas.

Como estado soberano, sus miembros, como ciudadanos de la Orden de Malta, gozan de doble nacionalidad y pueden usar el pasaporte diplomático en las misiones oficiales de la orden. También acuña moneda y timbre propios, aunque su uso está casi restringido a los coleccionistas. Por Roma también circulan algunos coches de la orden, con matrícula oficial del estado con las siglas SMOM.

Otra de sus sedes significativas, la Villa Magistral, se encuentra en la colina romana del Aventino, y acoge la sala capitular en la que han sido elegidos los últimos maestres. Es además, la sede de la embajada de la Orden ante la República Italiana. Los turistas que se acercan hasta allí para mirar por el ojo de cerradura de la puerta principal descubren una vista directa de la cúpula de la basílica de San Pedro, un símbolo de su vinculación con la Santa Sede.

Refundación

Perdida su fuerza militar y sus territorios, durante el siglo XX, la orden recuperó su actividad primigenia y se centró en la asistencia hospitalaria. En la Primera y Segunda Guerra Mundial su labor fue muy significativa en las varias misiones humanitarias de emergencia que desarrollaron. En el marco del Concilio Vaticano II, la Santa Sede aprobó en 1961 una nueva Constitución para la Orden, que adaptaba los conceptos medievales a la necesidades del siglo XX. Esa Constitución es la que ahora ha modificado el Papa Francisco para tomar el control de la Orden.

Desde su refundación la Orden desarrolla una actividad eminentemente asistencial y hospitalaria a través de centros médicos y de acción social repartidos por todo el mundo.

¿Quiénes la forman?

Cuenta con unos 13.500 miembros permanentes —caballeros y damas de la Orden de Malta—, unos 90.000 voluntarios y 52.000 trabajadores —la mayor parte personal sanitario— repartidos por todo el mundo, muchos de ellos relacionados con la antigua nobleza europea. En España cuanta con unos 700 miembros permanentes.

Según su Constitución, los miembros de la Orden de Malta se dividen en tres clases, «deben observar un comportamiento ejemplar, conforme a los preceptos y enseñanzas de la Iglesia católica y entregarse a las actividades de la Orden».

A la Primera Clase pertenecen los Caballeros de Justicia, o Profesos, y los Capellanes Conventuales Profesos, que han profesado los votos de pobreza, castidad y obediencia, y aspiran a la perfección evangélica. Son religiosos según las normas del Derecho Canónico, pero no están obligados a la vida en comunidad.

Los miembros pertenecientes a la Segunda Clase se comprometen a vivir según los principios cristianos y los principios inspiradores de la Orden, en virtud de la promesa de obediencia. Se subdividen en tres categorías: caballeros y damas «de Honor y Devoción», «de Gracia y Devoción» y «de Gracia Magistral».

La Tercera Clase está constituida por miembros laicos que no profesan votos religiosos, ni la promesa de obediencia, pero que viven según los principios de la Iglesia y de la Orden. Se subdividen en seis categorías.

Para la pertenencia a la Orden era obligatorio, en los orígenes, el requisito de nobleza. Hoy también se acepta a personas «dotadas de nobleza personal, basada en una ejemplar vida cristiana». De esta forma, para pertenecer debe acreditarse poseer un título nobiliario, «que es un privilegio concedido por el rey, hacedor de nobles», o bien demostrar «méritos ejercidos de manera continuada», y entonces «la propia orden invita a entrar».

Antiguamente a la nobleza de sangre se le reservaba la Primera Clase o Caballeros de Justicia, pero las actuales constituciones no exigen ese requisito. Sí está reservado para la nobleza de sangre el primer y segundo grupos de la Tercera clase, es decir, los caballeros de honor y devoción y los Caballeros de gracia y devoción. Solo por invitación es posible convertirse en miembro de la orden. No hay requisitos para ser voluntario.

Conflicto con el Papa Francisco

El conflicto con la Santa Sede comenzó en 2016, cuando el 6 de diciembre el segundo de la Orden, el Gran Canciller, el alemán Albrecht Freiherr von Boeselager, tuvo que dimitir por una «situación extremadamente grave e insostenible». Los medios de comunicación, y el Gran Maestre Matthew Festing, señalaron que el problema se encontraba en la distribución gratuita de preservativos en algunos dispensarios de la orden, lo que iría en contra de los principios de moral sexual de la Iglesia católica.

Pero aquello no fue más que la punta del iceberg de una lucha por el control de la organización. Von Boeselager aseguró haber cerrado dos proyectos en países en desarrollo al saber que se estaban distribuyendo preservativos, pero la iniciativa no frenó su defenestración. El Gran Canciller acusó entonces al Gran Maestre de tratar de tener así el control absoluto de la Orden y apeló la decisión ante el Papa. Francisco creó una comisión de cinco miembros para que investigase las inusuales circunstancias del despido del alemán.

El Gran Maestre Matthew Festing junto con el Papa Francisco el día que presentó su dimisión ABC

Pero el Gran Maestre, Festing, se negó a colaborar con la comisión papal y la consideró una «intromisión» de Francisco en los asuntos de la orden soberana. Además, acusó a los miembros de la comisión de conflictos de intereses y creó su propio comité investigador. La Santa Sede rechazó este intento de Festing de «desacreditar a los miembros de la comisión» papal y Francisco le convocó a una audiencia el 17 de diciembre en la que le pidió su dimisión. «El Papa se lo pidió y él se mostró de acuerdo», dijo entonces el portavoz vaticano.

El Consejo Pleno de Estado, órgano electoral de la Orden, eligió en abril de 2017 a Giacomo Dalla Torre como Lugarteniente del Gran Maestre, para proceder a reformar la orden. Un año después fue nombrado Gran Maestre, pero murió en abril de 2020. En 2022 fue elegido como Lugarteniente de Gran Maestre el candiense John T. Dunlap, a quien el Papa le ha encomendado ahora preparar, junto al cardenal Silvano Maria Tomasi, el capítulo General de 2023 que debe renovar a toda la cúpula de la Orden.

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